PARAÍSO  (Andrei Konchalovski, 2016)

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Hace muchos años, Jean-Luc Godard afirmaba que había una película que nadie querría ver y, por tanto, no podría hacerse. Estaría narrada desde el punto de vista de los nazis, cómo resuelven construir sistemas más eficaces de exterminio, sus problemas para meter un máximo número de judíos en un horno. Una secuencia de Paraíso plantea esta misma problemática. Uno de los tres personajes principales, un joven nazi emergente, escucha algunas soluciones que da el sanguinario Himmler. Esa masacre nazi supuso un retorno al aterrador medievo, ese que Andrei Konchalovski cartografió en una película monumental, Andrei Roublev (1968), para mayor gloria de su amigo y director, Andrei Tarkovski. En éste, su último film, no hay otro paraíso que el perdido, el devastado por la Historia. La 2ª Guerra Mundial estalló en nombre de una ideología, un credo,  desatando una cruzada sangrante, cuya representación difícilmente puede soportarse sin dar un mínimo de voz a los mártires, y queda coja si no comparecen aquellos que, gustosamente o no, la emprendieron.

538018.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxEn Paraíso, su director opta por insertar unas mágenes desnudas donde se expresan indivualmente los vértices de un triángulo: una rusa jiudía condenada, el francés colaboracionista y el joven nazi. Todos ellos comparecen frontalmente, nos hablan con enorme sinceridad, como si los espectadores fuésemos obligados a entender para asumir, más adelante, al finalizar la película el papel de esos jueces que han ido interrogando desde la sombra. El cineasta recurre para ello a un formato clásico, cuadrado, en blanco y negro documental, un rigor quizá excesivo con el que nos ahorra en todo momento cualquier escena espectacular. Como buen ruso, hijo de una tradición literaria profundamente psicológica (Chejov, Tolstoi…), Konchalovski sabe que el sentido del horror no se halla en los hechos, sino en sus protagonistas: víctimas y verdugos. En La cinta blanca (2009), Michael Haneke situó la semilla del nazismo en un pueblo del Norte de Alemania, a principios del siglo XX, ¿pero no había sido aquella perfectamente retratada en el Moscú de Los demonios (1871) de Dostoievski?

Daniel Gascó

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