BELLA DURMIENTE / Belle dormant (Ado Arrietta, 2016)

Por más que se exiliara a Francia, no deja de sorprender que el madrileño Adolfo Arrieta nunca hubiese estrenado en los cines de España. Intermedio editó un pack en DVD con su obra muchos años después de que televisión española programase un ciclo intempestivo. Ahora nos llega puntualmente su última obra, donde sin hacer muchos vericuetos vincula el mítico cuento de Charles Perrault con el mundo actual. ¿Qué pasaría si en 1900 la bella durmiente se hubiese sumido en un sueño de 100 años?
Pues que se hubiese perdido todo el siglo XX, que, en definitiva, conservaría toda su inocencia. descarga (12)Quizá sea eso mismo lo que Arrieta reclama del espectador, una suspensión del sentido, una cierta desmemoria. De manera sencilla, el cineasta intercala pasajes del cuento con momentos en que transcurre la acción principal, mediados de junio del año 2000. Rodeados de nubes o inmersos en una noche profunda o una densa niebla, los personajes hablan con total convicción de universos imaginarios, las ruinas de Kentz, el pueblo hechizado del cuento.

El personaje protagonista, Egon, príncipe de Letonia, está enganchado a su iphone. Arrieta muy bien podría haber hecho una parodia del personaje despistado, que se queda sin batería y se ve incapaz de afrontar la aventura, esa misma que narraba Perrault para salvar a la princesa. Pero no tiene ninguna pretensión de hacer una denuncia gráfica, mostrarse combativo o aportar una visión satírica del mundo actual. Al contrario, el hallazgo de Kentz, se visualiza como un hermoso retroceso. El tiempo de la realidad ha cesado, empieza el tiempo de los cuentos. 2.jpgEn este hermoso bloque, el director nos propone un encuentro con la foto fija, la imagen inmóvil o, incluso mucho antes, una visita a una era donde sólo existía la recreación pictórica. Arrieta, tan relacionado con la obra de Jean Cocteau, abraza aquí la poética del primer René Clair, Paris que dort (1924), al reproducir con renovado humor a una comunidad paralizada, cazada en momentos a veces comprometidos (retozando, despistado, dormido). Emparentado con el underground de los 70, el cineasta se muestra algo más clásico, más plácido, pasando de una batería ruidosa en la primera secuencia a un territorio encantado donde explora un silencio y una cadencia casi inéditos en el cine contemporáneo.

 Daniel Gascó

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