LE FILS DE JOSEPH (Eugène Green, 2016)

320258-jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxxUn cambio de velocidad basta para alterar el mundo. Muy probablemente todo aquél que sea ajeno a la obra de Eugène Green quedará sorprendido ante la robotización de sus intérpretes. Contemplará con notable extrañeza un conjunto de actores que se mueven de manera afectada, que recitan sin emoción y cumplen meticulosamente un estatismo o trayecto muy estudiado.
Pero sobre todo recibirá el impacto de unos personajes que miran fríamente a cámara, que hablan directamente al espectador, reclamando nuestra complicidad y concentración ante los dilemas eternos: identidad, origen, paternidad… Esa ralentización que Green propone ayuda, por un lado, a conectar con el viejo mundo. Por otro, nos recuerda que no sólo la imagen veloz o intermitente, ésa que tan pronto surge como desaparece, construye un film; también  la que se detiene, ésa que permite que absorbamos determinados espacios y obsesiones.

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Como ocurría en el cine mudo, Eugène Green sigue definiendo los personajes por aquello que miran con atención: esa madre que, en uno de sus paseos, contempla un abanico de parejas en la terraza de un bar; o ese hijo obsesionado por la reproducción de un cuadro célebre de Caravaggio: El sacrificio de Isaac. La primera recreación de la mirada es más clásica, pues transmite una evidente y profunda soledad; la segunda, sin embargo, denota un deseo de subvertir los términos. En el cuadro de Caravaggio vemos cómo Abraham empuña un cuchillo dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac; el joven Vincent parece dispuesto a degollar a su padre renegado.

La rigidez que imprime este director es tan aparente que roza lo cómico. La cámara de Eugène Green acostumbra a capturar un puñado de seres humanos que se dan demasiada importancia enfrentados a unas circunstancias que los superan. En Le fils de Joseph coloca las fuentes bíblicas, Marie conoce a Joseph, en un ámbito moderno que aboga por la vida por encima de la mítica, donde el sentimiento supera la lógica o la razón. Ya en los títulos de crédito del film, la cámara está fija pero expectante ante una buena dosis de movimiento.

le-fils-de-jospeh-victor-ezenfis-natacha-regnier-fabrizio-rongioneSituada en varios cruces de carretera, registra vehículos y peatones ca
pturados azarosamente. Son imágenes sin identidad, movidas por los hilos de la casualidad, que anticipan un relato que acabará cuestionándose a sí mismo, su propia búsqueda, consciente de suceder en un contexto mucho más complejo. De ahí que ese hijo que, tan pronto se detiene y lanza miradas al espectador como se mueve peligrosamente y sin pudor, sea un trasunto de la propia película. Ante el hallazgo de su verdadero yo, esa pesadilla que a veces nos depara la genética, este film parece decir: reniega, despierta e inventa.

Daniel Gascó

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