EVERYBODY WANTS SOME!! / TODOS QUEREMOS ALGO (Richard Linklater, 2016)

everybody_wants_some-175823355-largeAhora que sabemos que Richard Linklater, autor de Before Sunrise/Sunset/Midnight, es poco amigo de abandonar sus tramas, no resulta raro comprobar repasando Dazed and confused (Movida del 76, 1993) que ésta culminaba en una carretera sin fin siguiendo ese himno vibrante de Slow Ride de Foghat: “Slow ride, take it easy”. Estaba claro: “el viaje va a ser lento, así que tómatelo con calma”. El director se ha tomado 23 años de tiempo para retomar esa senda que dejó en un tramo apasionante, el que sigue a una adolescencia difícil. Adiós al acné, al bullying, la vigilancia de los padres. Ahora Every wants some! (Todos quieren algo, 2016) toma el camino del exceso y arranco con las notas un clásico más explícito, My Sharona de The Knack: “Oh, you make my motor run”. “Oh, tú haces que mi motor se encienda”.

2Pero dar un paso adelante no excluye volver a empezar. Ese salto de la High School, el Instituto, a la Universidad te devuelve a la condición de novato. De hecho, que Jake, protagonista de esta historia, deba seguir un hilo telefónico para llegar a su habitación compartida, significa que el hilo de su iniciación no se ha interrumpido. Más fuerte y bello, el reto consiste en evadir la camaradería masculina: borracheras constantes, apuestas tontas, retos absurdos, folleteo ocasional noches de insomnio, seguido de pesados entrenamientos de beisbol. Asignaturas de iniciación y, por tanto, prioritarias que arrancan significativamente 3 días y 15 horas antes de iniciar curso. Parce que Linklater exprime ese corto lapso de tiempo sin nostalgias, imprimiendo un pulso, una maestría y energía envidiables. Pero al establecer todo ese catálogo de roces y lazos afectivos está rememorando un mundo definitivamente desaparecido. Desprovistos de redes y artilugios, los jóvenes americanos no tenían más actividad selfie que mirarse orgullosos al espejo. Y salen de su entorno privado dispuestos a devorar el espectáculo de la vida. El campus, bellísimas universitarias, fiestas privadas y públicas. El año 80 ofrece tres modalidades que sus protagonistas visitan: la popular (funk), clásica (country) y rompedora (punk). Del mismo modo, el cineasta rodea al héroe protagonista de todos los caracteres posibles: pueblerinos, garrulos, machos alfa, que filma en una divertida actitud afectada, por excesivamente agresiva y complaciente. Un mundo estereotipado que convive con otro más sofisticado, aunque a su vez loco, ridículo y absurdo: el de los poetas, aspirantes a actores y artistas incipientes. Un recorrido ejemplar, vertiginoso, por todo un mundo que ruge 87 horas antes de que nadie haya abierto un solo libro. Eso sí, todavía da tiempo a que arranque la primera lección: “Las fronteras están donde tú las encuentras”. Afortunadamente, Linklater, siempre desmesurado y febril, sigue sin haber hallado las suyas.

Daniel Gascó

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